no me levanto de la cama por menos de 10.000 dolares...El comienzo de los noventa marcó el reinado de las Supermodelos. Rotundas mujeres empezaron a acaparar portadas de revistas, editoriales de moda, alfombras rojas, anuncios de televisión, vallas publicitarias. Nombres como Claudia, Cindy, Naomi, Elle o Christy empezaron a resultar muy familiares. Pero de entre todas ellas, hoy destacamos a Linda Evangelista, la primera supermodelo
Linda nació en Canadá y desde siempre quiso ser modelo. Fue descubierta a los 12 años en un concurso de belleza, más tarde se trasladó a Nueva York, fichó por Elite y de allí directa a Paris. La carrera de la más disciplinada de las Supermodelos había empezado. Sus constantes cambios de look y su actitud frente a la cámara le valieron el apodo de The Chamaleon.

Linda Evangelista, desde luego, no era la más guapa ni poseía el mejor cuerpo, pero algo la distinguía de sus (super)compañeras. Creía firmemente en lo que hacía. Es fácilmente observable en todas sus fotografías como Linda se esforzaba por adaptarse a la situación, interiorizar las sensaciones, enamorar a la cámara. No en vano, Karl Lagerfeld se refirió a ella en más de una ocasión como la top de las tops.
Los noventa pasaron y Linda se mantuvo firme en sus principios. Nunca quiso ser nada más que modelo, nunca intentó saltar al cine (como muchas de sus compañeras, la mayoría con muy poca fortuna), nunca decidió hacerse empresaria. De hecho, continuó trabajando sin descanso, disciplinada y discreta.

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